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Etimología de Árbol

Árbol viene del latín arborem y a partir de este vocablo creamos otras muchos términos derivados, como arbóreo, arboleda, arbusto, enarbolar o arborícola. En nuestro idioma esta palabra es la evolución natural de la denominación arbor en castellano antiguo. Por otra parte, presenta un evidente parecido con su homónima en otras lenguas. De hecho, en francés y en catalán es arbre, en italiano albero, en portugués arvore y en euskera arbola.

La acepción más común de esta palabra hace referencia a una planta orgánica con un tronco leñoso y con una serie de ramas que crean una copa frondosa de hojas. Si bien aparentemente se trata de un ser vivo como otro cualquiera, en realidad es mucho que eso. No hay que olvidar que sin los árboles el planeta Tierra dejaría de existir tal y como lo conocemos. Al margen de su importancia para la estabilidad del medio ambiente, se trata de un elemento de la naturaleza con una profunda carga simbólica y emocional.

Su dimensión simbólica y representativa

En algunas culturas ancestrales el árbol simbolizaba algo muy singular. Entre los celtas cada árbol tenía su propia fuerza espiritual. En la mitología nórdica el roble tenía una dimensión sagrada y Yggdrasil es un fresno perenne a partir del cual se explican los diferentes mundos y sus conexiones. El melocotón en la cultura china y el olivo en la griega eran igualmente un símbolo sagrado.

En el relato bíblico del Génesis se habla del Árbol de la Vida como una alegoría para explicar la existencia humana en su relación con el Creador. En la Cábala judía representa la unión espiritual entre Dios y los hombres.

Las referencias simbólicas más arriba indicadas ponen de manifiesto una realidad: que los humanos entendemos la idea de árbol como una inspiración que permite explicar la dimensión sagrada de la vida.

En relación con su vertiente representativa, podemos destacar el Árbol de Porfirio

A través del mismo el filósofo neoplatónico del siglo ll d. C expuso su visión del conocimiento y clasificó todo lo que existe de una manera ordenada y sistemática.

Por otro lado, si queremos comprender el devenir histórico de nuestro linaje familiar tendremos que realizar un árbol genealógico.

Por último, en las fiestas navideñas decoramos un árbol con adornos y luces. Esta tradición proviene de los primeros cristianos que llegaron al norte de Europa, donde observaron que los sus habitantes adoraban a divinidades que simbolizaban la vegetación.


    : Galyna Andrushko

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