Etimología de Dios

El origen etimológico se ubica en el latín deus, que comprende deidad de dios. El término en latín deriva del indoeuropeo diwops, del que también procede el término griego Ζεύς (Zeus). Los bárbaros del norte también hicieron uso de la raíz de la palabra dios, para nombrar a sus propias divinidades, por ejemplo el eslavo Div o el escandinavo Ziu.

Es importante, por otro lado, observar la regla de escribir Dios en mayúscula cuando se usa como nombre propio señalando únicamente al Todopoderoso, razón por la cual cuando uno escribe, por ejemplo sobre un dios griego, tiene que hacerse en minúscula.

Existen dos calificaciones primordiales que los pensadores atribuyen al uso de la palabra dios: la de la causa y la del bien

Para la primera, se remite a la creación, al principio que hace posible el universo. Para la segunda, es la fuente o garantía de todo lo bueno que hay en el mundo. Se trata, como es evidente, de calificaciones que están hechas en una forma muy general.

Se distinguen tres perspectivas fundamentales: la religiosa, la filosófica y la vulgar. La religiosa resalta en Dios la relación que tiene o que deja de tener con el hombre. La filosófica hace énfasis en la relación de Dios con respeto al mundo. Por eso Dios es visto como un absoluto, como fundamento de la existencia, como causa de origen, como finalidad primera, etc. Por su parte, la idea vulgar destaca el modo como Dios se da en la existencia cotidiana, ya sea de una forma constante, como algo permanente en la vida, o también de una forma ocasional en medio de las distracciones.

En la Edad Media Tomás de Equino afirma que el cristianismo reconoce que el método científico no puede comprobar la existencia de Dios, que esto es un trabajo de la metafísica.

Algunos autores afirman que lo divino y dios son la misma cosa; otros piensan que dios es la forma de dar nombre a lo divino. En cambio otro grupo plantea que la divinidad es una característica del amor y señor

La primera perspectiva es neutral con respecto a la naturaleza personal o impersonal de dios. La segunda representación lo entiende como un ente impersonal. La tercera perspectiva se ve inmersa en su comprensión como una realidad personal.

La idea más observada en el mundo occidental es aquella imagen de un ser extraordinario omnipotente e incluso omnipresente, a quien además se le atribuye la creación y el desarrollo del universo.

Existen diversos nombres que se le adjudican a esa figura fantástica, dependiendo de la religión. En el judaísmo se le da el término de Jehová. En el islam, el nombre de Alá, y en el cristianismo, el de padre, hijo y Espíritu Santo.

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