Etimología de Sociabilidad

Remonta al francés de fines del siglo XV como sociabilite, al respecto del latín sociabĭlis, deconstruido en el prefijo socia-, al respecto de lo cual también se comprende la variante socio-, en relación al latín socius, para remitir a colega, compañero o más específicamente a socio, y el adjetivo hábil, determinado en el latín como habĭlis, vinculado a habēre, por tener, sobre el indoeuropeo *ghabh-, por disponer, siendo complementada la expresión mediante el sufijo -dad, a motivo de cualidad.

La naturaleza de cada persona gira entorno a su interés y capacidad por relacionarse con otros. La esencia del ser humano es la sociabilidad, visible desde sus primeros momentos en la seguridad del seno familiar, demostrando un reflejo e instinto por conocer, compartir, amar y sentirse amado.

Así mismo, en la etapa de la adolescencia surge una clara necesidad por formar parte de un grupo, ante el desarrollo de la identidad y el auto-descubrimiento, lo cual explica el fenómeno de las redes sociales; éstas facilitan interacciones en un territorio digital que evita los miedos de dialogar cara a cara. No obstante, la tecnología tiene que ser una herramienta para inspirar y ayudar a trasladar todo vínculo afuera del confort de la pantalla del smartphone, y no a transformarse en un refugio.

Existe, además, una importante aplicación del término en el campo de la botánica, tal como lo retratan, en 1961, Herbert Hanson (Profesor de Ecología de la Universidad Católica de América en Washington) y Ethan Churchill (investigador del Laboratorio Aeronáutico Cornell en Virginia) en su libro The Plant Community (traducido a La Comunidad de las Plantas), manifestándose como un valor de afiliación de las especies del Reino Plantae.

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