Etimología de Convivencia

Tatyana

Surge del latín convivĕre, entendiendo las reglas, así como la capacidad de sociabilidad y el respeto para compartir en comunidad. A partir de la deconstrucción, se distingue el prefijo con-, interpretado como junto, y el vocablo vivĕre, contemplando la propia existencia. Compartir la vida es una necesidad física y emocional del individuo, propiciando, además, un fortalecimiento colectivo y nuevos saberes a partir de las experiencias individules, en pos del desarrollo.

Favorece la evolución humana

Si repasamos la historia de la humanidad nos encontraremos reiteradas veces con la convivencia de culturas y de civilizaciones que produjo resultados muy positivos para la evolución humana, pero también con conflictos extremos cuando la convivencia no fue posible ni feliz desembocando en guerras para dirimir las diferencias y la autoridad de un espacio​.

Un caso emblemático de respeto, admiración, y contacto fueron Grecia y Roma, donde ésta última aprendió muchísimo de la otra, e incluso absorbió gran parte de su cultura haciéndola propia.​

Apenas nacemos convivimos con integrantes de nuestra familia: mamá, papá, hermanos, abuelos, tíos, entre otros parientes, más tarde, en la etapa adulta, lo habitual es convivir con la pareja, aunque también se puede dar con amigos u otras personas.​

Por otra parte, y además de en la casa, tendremos que convivir con diferentes individuos en ámbitos como la escuela, el trabajo, el club, el espacio público.​

Aceptar la vida en común como norma esencial

La condición básica es la de compartir un mismo espacio con otras personas y por supuesto que ello se desarrolle en un marco de paz y armonía.​

Todas las disciplinas que se ocupan del estudio del ser humano desde algún aspecto, entre ellas la sociología, la psicología, y la medicina, coinciden en el hecho que mantener una buena convivencia es crucial para la salud emocional y física de cualquier persona.​

Estar acompañados y contenidos por individuos a los que queremos nos hace más felices y nos predispone de una manera absolutamente positiva hacia la vida y las contingencias que esta siempre presenta.​

Es sumamente común que las personas que viven y pasan mucho tiempo juntas mantengan conflictos y desaveniencias entre sí, ahora bien, cuando esa situación es constante y no logra revertirse terminará influyendo de manera negativa en la vida de esos individuos y será preciso encontrarle una solución.​

La terapia psicológica puede ser una salida efectiva ya que el terapeuta se centrará en tratar de dilucidar junto al paciente la causa que provocó el malestar, pero si ello no resulta lo mejor será dejar de vivir con la persona para preservar la salud de ambos

Los conflictos entre las personas que conviven son naturales, y hasta puede considerarse sano que existan en cierta medida porque vivimos en un mundo en el cual se mezclan las ambiciones y necesidades personales con los objetivos colectivos, pero cuando traspasan el límite de lo normal pueden afectar la salud, y en este punto es donde se debe buscar ayuda o replantear la situación.

Volviendo atrás en el tiempo nos encontramos con que muchos de los conflictos bélicos más cruentos se sucedieron por la imposibilidad de convivir con aquel que piensa diferente a uno.​

Respeto y tolerancia, las claves de una convivencia armónica

Es absolutamente posible convivir en paz si todos se lo proponen y tan solo siguiendo algunas pautas: respetando la privacidad del otro, los horarios, las actividades y compromisos de cada uno; siendo tolerante en las diferencias de pensamiento; y colaborando en el mantenimiento del orden del espacio de convivencia.​

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