Etimología de Luz

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Viene del latín lux y este a su vez del griego liki, que significa alba o luz. Para algunos linguistas las voces lux y liki derivan de la raíz indoeuropea leuk. En otras lenguas se usan denominaciones que ponen de manifiesto el origen común de esta palabra: light en inglés, lioht en alemán antiguo, leukhtam en lituano, llum en catalán o ljus en sueco.

Al margen de su origen etimológico y de las diferentes grafías en distintas lenguas, mediante este término se hace referencia a dos fenómenos: la energía proveniente de algún foco lumínico y la visibilidad de la realidad que nos rodea.

La energía lumínica

La luz es, por encima de todo, una forma de energía. De hecho, el Sol, las velas y las bombillas eléctricas son cuerpos luminosos. Por otro lado, todos los seres vivos dependen de la energía de la luz solar.

Si tomamos como referencia las estrellas, liberan la energía de su núcleo y dicha energía es la que alumbra el cielo. Con respecto al Sol, obtiene su energía cuando se queman los gases en su núcleo en un proceso de fusión. Este fenómeno es producido por la acción de dos gases: hidrógeno y helio. Así, durante la fusión los átomos de hidrógeno colisionan entre si y producen helio. Dicho proceso solo es posible por la acción del calor en el interior del Sol (en su núcleo la temperatura es de 14 millones de grados centígrados).

La energía se desplaza desde el centro hasta la superficie solar y se producen erupciones solares de gran intensidad. Tales erupciones envían partículas radioactivas al espacio, las cuales son arrastradas por los vientos solares. En muy poco tiempo, estas partículas llegan a la Tierra y son desviadas por el campo magnético terrestre.

El impacto de la luz solar activa todos los procesos vitales, especialmente la fotosíntesis.

En su dimensión metafórica

Algunas palabras se usan en un doble sentido, ya que describen realidades objetivas y, paralelamente, sirven como metáforas explicativas. El término luz tiene esta singular característica.

Cuando queremos tratar con claridad unos acontecimientos de cierta complejidad decimos que «arrojamos luz». En el Antiguo Testamento la creación del universo descrita en el Génesis se expresa con una rotunda afirmación de Dios: hágase la luz (curiosamente esta expresión se usa también cuando se ha comprendido algo que inicialmente parecía incomprensible). En el plano sentimental la persona amada puede ser descrita con una sugerente metáfora, la luz de mi vida. En la esfera intelectual, si alguien tiene limitaciones evidentes decimos que tiene pocas luces.

El siglo XVlll se caracterizó por un avance significativo de las distintas ciencias. Al mismo tiempo, los hombres de ciencia adoptaron una actitud combativa en relación con las supersticiones, las pseudociencias y los dogmas religiosos. Esta novedosa actitud intelectual hizo que este periodo de la historia fuera conocido como «el siglo de las luces».

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