Etimología de Consumidor

Es una composición sobre el latín determinada por el prefijo con-, que indica un encuentro, la figura sumere, que refiere a tomar algo, desglosado en sub-, por un nivel inferior o debajo, y emere, que posee raíz en el indoeuropeo *em-, para remitir en ambos casos a la acción de tomar; luego, complementa el sufijo -dor, que engloba las formas latinas -tor, -ōris, y actúa en función de la adjetivación y sustantivación del verbo asociado, observando que este término se presenta tanto en la forma de sustantivo como de adjetivo según el contexto de aplicación.

Inicialmente, remontando a los siglos XVII y XVIII, la concepción de consumidor se limita a describir a aquél que utiliza y eventual o inmediatamente da fin a una cosa producida, exponiendo la práctica explícita, no obstante, paulatinamente esta figura crece entorno al poder de elegir y a los derechos que protegen de las violaciones de la industria, al punto de construirse el consumidor consciente, entendiendo el interés por saber acerca del proceso a través de cual se produce el producto o servicio que considera incorporar a su vida, rechazando aquellos que generan algún tipo de daño o abuso.

Desde la perspectiva legal

El derecho del consumidor es una rama específica de la esfera jurídica dedicada a proteger a los consumidores en un sentido general. Este tipo de marco legal establece un conjunto de normas que regulan las relaciones entre los compradores, los vendedores, los fabricantes y los proveedores en el contexto de una sociedad de mercado. Desde la perspectiva legal se considera que el consumidor debe ser especialmente protegido, porque constituye la parte más vulnerable de las relaciones comerciales.

Algunos de los derechos básicos que se contemplan son los siguientes: recibir una información veraz sobre el producto o servicio adquirido, garantizar que el comprador no ha recibido ningún tipo de coacción y controlar los procesos de fabricación. Éstos y otros derechos deben ser amparados por parte del estado. De lo contrario, el consumidor se encuentra en una situación de fragilidad.

La psicología como herramienta para llegar al consumidor

Todas las empresas intentan que sus productos o servicios sean comprados por el mayor número posible de personas. Para lograr este objetivo hay muchas estrategias posibles, pero una de ellas es especialmente importante: conocer qué piensan y cómo reaccionan los consumidores.

La psicología del consumidor emplea todo tipo de recursos para entender las motivaciones básicas que activan el impulso de compra. Según los estudios realizados adquirimos bienes por la calidad de los mismos, por el precio y por el servicio recibido.

Por otra parte, intervienen algunas consideraciones que no son racionales, como el color o la forma de los productos, la música o el olor de un establecimiento o la ubicación de los objetos en las estanterías. Los psicólogos especialistas en esta área saben que existen unas pautas de comportamiento de tipo inconsciente que participan en todo acto de compra.

Cuestión de la responsabilidad

Muchos de los productos y bienes que adquirimos son infrautilizados o terminan en la basura. Una parte de las cosas que tenemos son usadas temporalmente y cuando pasan de moda son arrinconadas para siempre. Algunos productos han sido fabricados en condiciones de explotación laboral.

En ocasiones los desperdicios se acumulan en las calles, en los bosques o en las playas (las bolsas de plástico, las colillas de los cigarrillos o las latas tienen un protagonismo muy relevante en todo tipo de paisajes).

Las situaciones mencionadas tienen un denominador común: el consumo irresponsable. En el momento de comprar algo o de utilizarlo podemos elegir entre dos opciones: actuar con responsabilidad o no.

Como consumidores todos tenemos un grado de responsabilidad social. Una acción individual responsable puede parecer insignificante e incluso inútil, pero la suma de muchas pequeñas acciones tiene un potencial transformador.

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