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Etimología de Saber

Dispone de un orígen latino, de la palabra sapere, que significa en latín tener buen gusto o inteligencia. Aunque a priori ambas cuestiones no parecen tener nada que ver entre sí, para los romanos estaban estrechamente asociadas y por ello los conceptos de sabor y saber compartieron la misma raíz.

La civilización romana tendía a asociar los sentidos con las facultades congnitivas: el sabor con el buen juicio, el oído con la recepción de información y su comprensión, el tacto con el cuidado en el trato interpersonal, el olor con la capacidad de anticiparse a los sucesos futuros, y la vista con la facultad de analizar y forjar ideas.​

El saber es sabiduría y conocimiento sobre una temática y materia, que se adquieren a través del estudio o de la experiencia, y este es el significado universal que hoy le atribuimos.​

Transforma y mejora realidades y oportunidades

La disposición de conocimientos, además, nos ayuda en la toma de decisiones y elecciones que pueden transformar nuestra realidad para mejor.

El tema del saber ha estado presente y ha ocupado al ser humano desde el inicio de la humanidad y hasta nuestros días, porque es una cuestión que sigue en proceso y generando siempre novedades.​

Un tema que interesó a todas las culturas, las visiones, y las épocas

Este afán creó diversas escuelas de pensamiento que han abordado la temática desde diversos puntos de vista, ahora bien, como mencionamos, el tema sigue mantiéndose en la palestra e interesando a los profesionales del área que continúan generando debates sobre la forma en la cual se produce el conocimiento y cómo se lo difunde.​

La filosofía, una de las ciencias más antiguas, se ha abocado desde tiempos remotos a tratar este tema, y así los primeros filósofos griegos que fueron de alguna manera quienes enarbolaron la bandera del conocimiento humano se insertaron en la cuestión para ahondar en el cómo del procedimiento del saber.​

El filosofo griego Plátón, uno de los emblemas de la fiosofía griega junto a su par y discípulo Aristóteles, creó una famosa alegoría, conocida como la caverna, para explicar el tema.​

Sostenía la idea de la existencia de un mundo suprasensible que estaba representado por ideas que son las que expresan lo verdadero y real, mientras que el mundo sensible solamente nos trae una reflejo confuso de dicha realidad.​

Por su parte, Aristóteles, realiza una distinción entre tres cuestiones básicas que consitituyen su filosofía: sustancias, accidentes, y esencias, y se para en una posición más realista que Platón.​

El método científico fuente elemental del saber moderno y actual

Más adelante, entre mediados del siglo XVI y el XVIII, Occidente, creó el método científico que cambiaría rotundamente el proceso de conocer hasta ese momento, y que luego, al comprobarse su magnificencia se extenderia por todo el planeta. ​

El descubrimiento, allá por finales del siglo XVII, de los principios mecánicos que mueven al mundo, abriría paso a inconmensurables avances como ser la revolución industrial.​

El progreso futuro está en el conocimiento

Y ahora regresando al presente y poniendo una mirada sobre el futuro próximo debemos decir que de acuerdo a la mirada de los especialistas, solamente habrá oportunidades mañana para aquellos que tomen el camino del conocimiento.​

El futuro de cualquier país, grande, chico, desarrollado o no, también depende del saber, y de la creatividad y la ciencia que sean capaces de producir y alcanzar sus habitantes.

Hoy, sin lugar a duda, podemos apreciar este nuevo paradigma con tan solo observar a los países ricos y a los pobres, los primeros lo son especialmente por la diferencia que marcan en la cuestión del conocimiento y ya no como se ha sostenido clásicamente por los recursos que detentan.​

Cuántos países hay riquísimos en recursos naturales que no son capaces de expotar su crecimiento porque no disponen de conocimiento para hacerlo. ​

La educación y el conocimiento motorizan el desarrollo y hacia allí deben orientarse las políticas de estado.


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