Mejor

Reconocido en el latín como melior, meliōris, operando como el comparativo de superioridad de bonus, por ‘bueno’, con raíz en el indoeuropeo *mel-, en su forma ampliada *mel-yos-, al que se le atribuyen los sentidos de ‘fuerte’, ‘grande’ o ‘abundante’, donde el componente -yos- opera como el sufijo comparativo indoeuropeo, el mismo que pervive en el latín -ior.

El latín, tal como el griego y otras lenguas antiguas, construía la comparación de ‘bueno’ por supleción, es decir, recurriendo a raíces completamente distintas para cada grado, articulando la tríada bonus, melior, optimus, sin parentesco etimológico entre sí. Las lenguas romances heredaron intacta esta anomalía, y lo mismo se aprecia en el inglés good, better, best, o en el alemán gut, besser.

El español registra mejor desde los primeros documentos medievales, resolviendo el grupo latino -li- en la consonante que evolucionaría hacia la jota moderna, del mismo modo que filius generó hijo y mulier generó mujer, mientras que el portugués opera la transformación paralela en melhor, el italiano conserva migliore, el francés adopta meilleur y el rumano se distancia con mai bun, curiosamente la única lengua romance que regularizó la comparación. Por la vía culta, el latín melior reingresa en los tecnicismos, apreciándose meliorismo, la doctrina filosófica difundida en el siglo XIX que sostiene que el mundo puede ser mejorado por el esfuerzo humano, una posición intermedia entre el optimismo y el pesimismo que, fiel al étimo, apuesta al comparativo contra los superlativos.

La expresión mejorar de vida condensó el proyecto de las grandes migraciones del continente, del campo a la ciudad y de un país a otro, mientras que la fórmula ¡que te mejores!, dirigida al enfermo, consagró el verbo como voto de salud en la cortesía diaria. El habla popular registra además el giro a lo mejor, que curiosamente no expresa optimismo sino mera posibilidad, un desplazamiento semántico donde el superlativo de lo bueno terminó significando ‘quizás’, y la eufemística mejorar la familia o el irónico mejorando lo presente, fórmulas de la conversación rioplatense y caribeña que exponen la carga social del comparativo. Completa el cuadro el refranero, donde lo mejor es enemigo de lo bueno, heredado de Voltaire, advierte que la búsqueda del comparativo puede arruinar lo positivo ya conquistado.

Ejemplos de oraciones

– Luego de mudarse a la costa, asegura que su calidad de vida es mucho mejor.
– El técnico alineó al mejor equipo posible para la final.
– ¡Que te mejores pronto! Espero que la fiebre baje esta noche.

Asociaciones etimológicas

Sobre la misma base de melior, se identifican mejorar (dado en el latín tardío meliorāre, por ‘volver mejor’, conservando intacta la acción de superación que define a la familia), mejoría y mejora (derivaciones que sustantivan el proceso, la primera consagrada en el registro médico y la segunda en el patrimonial, apreciándose en el derecho sucesorio hispánico la figura de la mejora como porción de herencia que favorece a un descendiente), y meliorismo (sobre el latín melior y el sufijo -ismo, nombrando la doctrina del perfeccionamiento gradual del mundo).

Por la vía de la tríada supletiva, se aprecian las hermanas de bonus, bueno, bondad (dada en el latín bonĭtas, bonĭtātis) y bonito (procediendo del diminutivo de bueno, exponiendo que la belleza se concibió como un grado afectivo de lo bueno), y las herederas de optimus, óptimo y optimismo (acuñado en el francés optimisme en 1737 a partir del debate sobre Leibniz), completando en el léxico la escalera que la gramática latina construyó con tres piedras de canteras diferentes.

Buscador