María

Documentado en el latín Maria, sobre el griego Mariám (Μαριάμ) y María (Μαρία), formas con que la Septuaginta y los evangelios transcribieron el hebreo Miryam (מִרְיָם), el nombre de la hermana de Moisés y Aarón, primera portadora conocida en la tradición bíblica. La raíz de base es discutida, por un lado se vincula al hebreo mar, por ‘amargo’, y por esa vía a la mar de la fórmula latina stella maris, por ‘estrella del mar’, consagrada por San Jerónimo aunque hoy se la considere una etimología devocional más que filológica; por otro lado, se baraja referencia en el arameo mar’a, por ‘señora’; y la que, con mayor respaldo entre los semitistas, lo hace proceder del egipcio mry, por ‘amada’, o de mr, por ‘amor’, hipótesis coherente con el hecho de que Miryam aparezca en el relato del Éxodo, en pleno contexto egipcio, y con la moda onomástica de la época -el nombre se explicó también por el arameo maryam, por ‘excelsa’ o ‘elevada’-.

Durante la Edad Media temprana, la reverencia hacia la madre de Jesús era tal que el nombre se consideraba demasiado sagrado para uso humano, y su empleo fue escaso hasta que el auge del culto mariano de los siglos XII y XIII, con las catedrales de Notre-Dame, el rezo del rosario y la literatura devocional de Gonzalo de Berceo, invirtió por completo la tendencia. María pasó a ser el nombre femenino más frecuente de Europa durante ochocientos años, con una hegemonía estadística que solo el siglo XX comenzó a erosionar. El mundo hispánico llevó el fenómeno al extremo mediante las advocaciones, que multiplicaron el nombre en apellidos devocionales tomados de santuarios y misterios: María del Pilar, del Carmen, de los Dolores, de las Mercedes, de la Concepción, de Guadalupe, de la Luz, del Rosario, y el habla popular las abrevió a todas dejando el segundo término como nombre de uso, de modo que Pilar, Carmen, Dolores, Mercedes, Rosario, Consuelo y Amparo son, técnicamente, Marías con el nombre borrado.

La aparición guadalupana de 1531 hizo de Guadalupe el nombre mariano por excelencia de México, la Virgen de Luján y la de Copacabana repitieron el mecanismo en el sur, y el uso masculino compuesto, José María, se volvió corriente en el mundo católico, invirtiendo la regla de género en homenaje a la Sagrada Familia. El nombre generó además una descendencia coloquial mediante Mari, Maruja, Marita, Mariela, Maricel, Marisa, Maribel, Marisol y Mary, cada uno con su propia carga social y su época, y hasta apellidos como Mariano y patronímicos como Marín; y en el habla corriente el nombre se volvió tan común que sirvió para nombrar lo genérico y lo anónimo, apreciándose expresiones como cualquier María o el uso rioplatense del femenino como muletilla de anonimato, curioso destino para el nombre más venerado de Occidente.

Figuras históricas que llevaron el nombre

– Miryam, hermana de Moisés y Aarón, profetisa del Éxodo, primera portadora del nombre en el registro bíblico.

– María de Nazaret, madre de Jesús, figura central del culto cristiano.

– María Magdalena, discípula de Jesús, primera testigo de la resurrección según los evangelios.

– María Estuardo (1542-1587), reina de Escocia, ejecutada por orden de Isabel I de Inglaterra.

– María Antonieta (1755-1793), archiduquesa de Austria y reina de Francia, guillotinada durante la Revolución.

– María Teresa I de Austria (1717-1780), única mujer que gobernó los dominios de los Habsburgo, madre de la anterior.

– Marie Curie (1867-1934), física y química polaco-francesa, primera persona en obtener dos premios Nobel en disciplinas distintas.

– María Montessori (1870-1952), médica y pedagoga italiana, creadora del método que lleva su nombre.

– María Callas (1923-1977), soprano greco-estadounidense, referencia mayor de la ópera del siglo XX.

– María Eva Duarte de Perón (1919-1952), líder política argentina, figura decisiva del peronismo y de la conquista del voto femenino en su país.

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