Verdugo

Documentado en el español medieval como verdugo, nombrando en su origen la ‘vara verde’ o el ‘renuevo tierno de un árbol’, esa rama joven y flexible que se corta conservando todavía su verdor, sobre el adjetivo verde, con referencia en el latín virĭdis, al respecto del color de la vegetación viva, asociado al verbo virēre, por ‘estar verde’, ‘brotar’ o ‘mostrarse vigoroso’, con raíz en el indoeuropeo *weis-, por ‘brotar’ o ‘crecer con fuerza vital’; acompaña el sufijo -ugo, de carácter despectivo-instrumental en la formación romance, señalando el objeto derivado de la cualidad. El ejecutor de la muerte proceda del símbolo de la vida en crecimiento.

El salto de sentido se explica por el uso punitivo del objeto: la vara verde, justamente por su flexibilidad y resistencia, servía como instrumento de azote, dado que el renuevo tierno no se quiebra al golpear, sino que se dobla y restalla sobre la piel del castigado. El recorrido avanza de la rama al látigo, del látigo al castigo y, hacia el siglo XV, a quien lo administra, instalándose como el funcionario encargado de ejecutar las penas corporales y capitales dictadas por la justicia. El idioma conserva fosilizada la cadena completa: verdugón nombra hasta hoy la marca hinchada que deja el golpe de la vara, operando el sufijo aumentativo -ón sobre la huella del instrumento primitivo.

Bajo el Antiguo Régimen, este oficio cargaba una condición singular: servidor imprescindible de la justicia real y, al mismo tiempo, blanco del repudio absoluto de la comunidad, obligado con frecuencia a vivir extramuros, a señalizar su vivienda y a heredar la función, puesto que nadie la abrazaba por voluntad. Así se configuraron dinastías de ejecutores como los Sanson en Francia, activos durante seis generaciones, incluyendo a Charles-Henri Sanson (1739-1806), quien operara la guillotina sobre Luis XVI en 1793.

En un desvío inesperado, la palabra alcanza la indumentaria: el verdugado, documentado hacia el siglo XV, describe la falda armada con aros de varas flexibles que ahuecaban la silueta femenina, extendiéndose al francés vertugadin y al inglés farthingale, exponiendo que la misma vara que castigaba cuerpos también los vestía. En los tiempos modernos se identifica además el pasamontañas denominado verdugo, por su semejanza con la capucha que ocultaba el rostro del ejecutor.

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