Procede del checo robota, interpretándose por ‘trabajo forzado’ o ‘servidumbre’, remitiéndose a la práctica feudal en la que los siervos debían cumplir una cuota de trabajo obligatorio y gratuito para sus señores, generalmente de dos o tres días a la semana, vigente en el imperio austrohúngaro hasta 1848. La raíz se traza sobre el protoeslavo *orbъ, que por metátesis derivó en las formas rob y rab, señalando al ‘esclavo’ o ‘sirviente’, con origen en el indoeuropeo *orbh-, por ‘cambiar de estatus’, ‘alejar’, asociándose a la reducción de condición que sufre el huérfano y el esclavo, de donde precisamente se desprende la palabra huérfano (apreciado en el griego orphanós, ὀρφανός). Del mismo campo semántico eslavo emergen el ruso работа (rabota, por ‘trabajo’), раб (rab, por ‘esclavo’) y рабство (rabstvo, por ‘esclavitud’), así como el alemán Arbeit (por ‘trabajo’), emparentado a través del germánico *arbējiđiz y el gótico arbaiÞs, compartiendo la connotación primigenia de ‘esfuerzo’, ‘pena’ o ‘dificultad’.
La palabra fue ideada por el pintor y escritor checo Josef Čapek (1887-1945), quien se la sugirió a su hermano Karel Čapek (1890-1938) cuando este buscaba un nombre para las criaturas artificiales de su obra teatral. Karel había considerado inicialmente denominarlos Laboři, un neologismo derivado del latín labor, por ‘trabajo’, pero Josef le propuso roboti, derivándolo de robota, cuya carga cultural y social resonaba con mayor profundidad en la lengua checa. De este modo, R.U.R. (Rossumovi Univerzální Roboti, Robots Universales de Rossum) se estrenó el 25 de enero de 1921 en Hradec Králové, Checoslovaquia, y para 1923 ya se había traducido a treinta idiomas, instalando el término en el vocabulario mundial. La vida de Josef, lamentablemente, tendría un final trágico al ser asesinado en el campo de concentración de Bergen-Belsen en 1945.
Remarcar que los robots de la obra no eran máquinas metálicas como las que hoy concebimos, sino seres biológicos fabricados artificialmente, ensamblados en una fábrica, capaces de pensar y prácticamente indistinguibles de los humanos, pero desprovistos de alma y emociones. Creados para liberar a la humanidad del trabajo manual, estos seres eventualmente desarrollan una conciencia rudimentaria que los conduce a rebelarse contra sus creadores, desembocando en la extinción de la raza humana. La obra de Čapek constituye, en esencia, una advertencia sobre los peligros de la deshumanización y el abuso tecnológico, un presagio que adquiere una vigencia inquietante en la era de la inteligencia artificial.
En 1950, el escritor estadounidense de origen ruso Isaac Asimov (1920-1992) expandió el universo conceptual del robot con su obra I, Robot (Yo, Robot), introduciendo las célebres Tres Leyes de la Robótica. En el plano industrial, en 1961, George Devol y Joseph Engelberger pusieron en funcionamiento el Unimate, el primer robot industrial, integrado a la línea de ensamblaje de General Motors, marcando el inicio de la automatización fabril.
Es posible destacar como palabras asociadas a la raíz indoeuropea *orbh-: huérfano (sobre el griego orphanós), y por la vertiente eslava, las formas robota en polaco y eslovaco, работа en ruso y búlgaro, y el checo výroba (por ‘producción’). A partir de robot se configura robótica (conjugando robot y el sufijo griego -ική, -ikḗ, en función de disciplina o ciencia), y androide (dado en el griego androeidḗs, formado por anḗr, andrós, por ‘hombre’, y -eidḗs, por ‘forma’).
Benjamin Veschi, 02/2026, en https://etimologia.com/robot/