Interpretar

Se lo aprecia en el latín interpretāri, verbo deponente que remite a la acción de explicar, traducir o esclarecer el sentido de algo, procediendo de interpres, interpretis, figura que oficiaba como mediador, traductor o negociador entre partes. La composición del término ha generado debate etimológico: tradicionalmente se lo vincula con el prefijo inter-, ‘entre’, señalando la intermediación, mientras que el segundo componente podría relacionarse con la raíz indoeuropea *per- (‘pasar’, ‘llevar a través’), sugiriendo la idea de “hacer pasar un significado de un lado a otro”. Otros planteos lo conectan con el ámbito comercial, en función del intérprete como agente que facilitaba transacciones, consolidando la noción de mediación activa.

En el latín clásico, interpretāri no se limitaba a traducir lenguas, sino que comprendía explicar signos, presagios o textos legales, otorgando sentido a aquello que no resultaba evidente. De este modo, el intérprete no era un mero repetidor, sino un sujeto con autoridad hermenéutica. Este matiz se proyecta en la tradición jurídica, teológica y literaria medieval, donde interpretar implicaba desentrañar niveles ocultos de significado.

Hacia las lenguas romances se documenta en el castellano como interpretar, en el francés interpréter y en el italiano interpretare, manteniendo la doble dimensión de traducción lingüística y explicación conceptual. En inglés, interpret conserva la misma raíz latina a través del francés normando.

Resulta pertinente asociar el término con interpretación (interpretatio, -ōnis), intérprete (interpres, interpretis) e interpretativo (interpretatīvus), todos derivados del mismo núcleo léxico. Asimismo, se vincula con la noción griega de hermēneúein (de donde surge hermenéutica), disciplina dedicada precisamente al arte de interpretar textos y discursos, especialmente en contextos filosóficos y religiosos.

En su uso contemporáneo, interpretar excede el plano lingüístico: un músico interpreta una obra, un actor interpreta un personaje, un juez interpreta la ley, y un individuo interpreta la realidad según su marco cultural y experiencial. No se trata simplemente de reproducir, sino de otorgar sentido. Interpretar es, en definitiva, asumir la responsabilidad de situarse entre el hecho y su comprensión, construyendo un puente invisible entre el signo y su significado.

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