Se lo aprecia en el latín eclesiástico homilĭa, sobre la forma griega homilía (ὁμιλία), cuyo significado original remite a ‘conversación’, ‘trato’ o ‘reunión’. Procede del verbo griego homileîn (ὁμιλεῖν), entendido como ‘estar en compañía’, ‘conversar’ o ‘frecuentar’, compuesto por homós (ὁμός), ‘igual’, ‘en común’, y el sustantivo hómiλος (ὅμιλος), ‘multitud’, ‘asamblea’. La raíz indoeuropea vinculada es *sem-, por ‘uno’, ‘junto’, la misma que subyace en términos como ‘mismo’ o ‘semejante’, consolidando la idea de comunidad o reunión en torno a una palabra compartida.
En su origen griego, homilía no poseía necesariamente una connotación religiosa; designaba simplemente el acto de conversar o interactuar socialmente. Es en el ámbito del cristianismo primitivo donde el término adquiere un matiz técnico, al emplearse para describir la explicación pública de las Escrituras ante una asamblea de fieles. De este modo, la homilía se diferencia del sermón en sentido estricto, ya que no implica necesariamente una pieza oratoria retórica autónoma, sino un comentario exegético vinculado directamente al texto sagrado proclamado.
Durante la Edad Media, la homilía (homilĭa) se consolida como parte estructural de la liturgia, especialmente en la misa, donde el sacerdote interpreta y actualiza el mensaje evangélico para la comunidad presente. De allí derivan homilético/a (homilētĭcus), relativo al arte de componer homilías, y homiliario (homiliarium), libro que recopila homilías destinadas a su lectura o consulta.
A nivel contemporáneo, conserva su uso predominantemente religioso, aunque también puede emplearse de modo figurado para aludir a una intervención extensa o moralizante. Sin embargo, en su esencia etimológica, homilía no alude a un discurso impuesto desde una posición de superioridad, sino a una instancia de encuentro: una palabra pronunciada en común, dentro de una comunidad que comparte escucha, tradición y reflexión.
Benjamin Veschi, 02/2026, en https://etimologia.com/homilia/