Analogía

Sobre el latín analogĭa, al respecto del griego analogía (ἀναλογία), designando en su origen la ‘proporción matemática’ o la ‘correspondencia entre razones’, configurándose a partir del prefijo aná- (ἀνά), que transmite la idea de ‘conforme a’ o ‘según’, con raíz en el indoeuropeo *an-, por ‘sobre’ o ‘hacia arriba’, y el sustantivo lógos (λόγος), interpretándose por ‘razón’, ‘palabra’ o ‘proporción’, procediendo del verbo légein (λέγειν), por ‘decir’ o ‘reunir’, sobre la base del indoeuropeo *leǵ-, por ‘recoger’ o ‘juntar’; acompaña el sufijo -ia (-ία), en función de la sustantivación en propiedad de género femenino.

Se vincula a las matemáticas griegas, donde describía la igualdad entre proporciones, como se aprecia en la formulación clásica de que dos es a cuatro lo que tres es a seis, esgrimida por los pitagóricos y posteriormente por Euclides en sus Elementos, hacia el siglo III a.C. El desplazamiento hacia el lenguaje y el pensamiento llega con Platón y especialmente con Aristóteles, quien la consolidara como herramienta del razonamiento filosófico, ilustrándola con su célebre proporción de que la vejez es a la vida lo que el atardecer es al día: iluminar lo desconocido mediante la estructura de lo conocido.

En el terreno gramatical, los filólogos alejandrinos, destacándose Aristarco de Samotracia (216-144 a.C.), protagonizaron la histórica disputa entre analogistas y anomalistas, defendiendo los primeros que la lengua se rige por patrones regulares, mientras los segundos subrayaban sus irregularidades, una controversia que vertebra los cimientos de la lingüística. La disciplina conserva el término para el mecanismo por el cual los hablantes regularizan las formas, comprendiéndose que un niño diga rompido en lugar de roto: el error analógico es, paradójicamente, la prueba más pura de la lógica del idioma. El medioevo la proyecta a lo jurídico y lo teológico, donde Santo Tomás de Aquino (1225-1274) formulara la analogia entis, por ‘analogía del ser’, planteando que el lenguaje humano solo puede referirse a Dios por correspondencia proporcional. El francés registra analogie hacia el siglo XVI, extendiéndose al italiano analogia, al portugués analogia y al inglés analogy.

El rastro de *leǵ- se aprecia en lógica (observado en el griego logikḗ), diálogo (dado en el griego diálogos, donde el prefijo diá- remite a ‘a través’), catálogo (visible en el griego katálogos), prólogo (pautado en el griego prólogos), epílogo (declarado en el griego epílogos) y elegir (sobre el latín eligĕre, conjugando ex- y legĕre, por ‘escoger recogiendo’); por el lado del prefijo, se identifican análisis (observado en el griego análysis, donde acompaña a lýein, por ‘desatar’), anatomía (dado en el griego anatomḗ, junto a témnein, por ‘cortar’) y anacronismo (visible en el griego anachronismós, con chrónos, por ‘tiempo’).

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