Nostalgia

Identificado en el latín moderno como nostalgia, acuñado en 1688 por el médico suizo Johannes Hofer (1669-1752) en su disertación doctoral Dissertatio medica de Nostalgia, oder Heimwehe, presentada en la Universidad de Basilea, configurándose como una composición erudita a partir de dos componentes del griego: nóstos (νόστος), remitiendo al ‘regreso’ o ‘retorno al hogar’, con raíz en el indoeuropeo *nes-, por ‘regresar sano y salvo’, y álgos (ἄλγος), interpretándose por ‘dolor’ o ‘sufrimiento’, sobre la base del indoeuropeo *h₂elǵʰ-, por ‘sufrir’ o ‘padecer’. Complementa la estructura el sufijo -ia, en función de la sustantivación en propiedad de género femenino. De este modo, la composición transmite literalmente el ‘dolor del regreso’, no entendido como el sufrimiento que acarrea volver, sino como la angustia que provoca la imposibilidad de hacerlo, el padecimiento de quien añora un lugar al que no puede retornar.

Remarcar que Hofer no concibe el término como una figura poética, sino como un diagnóstico clínico riguroso. Observando a los mercenarios suizos que servían en ejércitos extranjeros por toda Europa, identifica una condición médica caracterizada por melancolía profunda, insomnio, pérdida de apetito, fiebre e incluso delirio, atribuyéndola al deseo irreprimible de volver a la patria. El fenómeno ya se conocía popularmente como Heimweh en alemán, por ‘dolor del hogar’, conjugando Heim, por ‘hogar’, y Weh, por ‘dolor’, pero Hofer opta por la formulación grecolatina para elevarla al rango de enfermedad reconocida por la ciencia. Durante los siglos XVIII y XIX, la nostalgia se mantiene como una categoría médica legítima, diagnosticándose particularmente entre soldados desplazados, apreciándose registros en los ejércitos napoleónicos y posteriormente en la Guerra Civil norteamericana, donde los cirujanos militares documentaron miles de casos. La transición del ámbito clínico al emocional y cultural se consolida a lo largo del siglo XX, despojándose progresivamente de su carácter patológico para instalarse como un sentimiento universal.

Por su parte, nóstos encierra una resonancia fundamental en la tradición literaria griega, vertebrando el género denominado precisamente nóstoi (νόστοι), que agrupaba los relatos del regreso de los héroes griegos tras la guerra de Troya. La Odisea de Homero constituye el nóstos por excelencia, donde Odiseo recorre el mundo conocido durante diez años, enfrentando toda clase de adversidades, impulsado por una fuerza que no es otra cosa que el dolor de estar lejos de Ítaca, de Penélope, de su hijo Telémaco. El nóstos homérico no describe un simple desplazamiento geográfico, sino un viaje existencial donde el regreso equivale a la recuperación de la identidad.

Es posible destacar como palabras asociadas a las raíces etimológicas, por el lado de álgos, neuralgia (observado en el griego neuralgía, conjugando neûron, por ‘nervio’, y álgos, describiéndose el dolor nervioso), fibromialgia (dado por la composición del latín fibra, el griego mŷs, por ‘músculo’, y álgos), analgésico (visible en el griego analgēsía, donde el prefijo an- opera en propiedad de negación, señalando la ausencia de dolor) y lumbalgia (pautado por el latín lumbus, por ‘lomo’, y el griego álgos); por el lado de nóstos, se identifica nostomanía (conjugando nóstos y el griego manía, por ‘locura’, describiéndose un deseo patológico e irresistible de regresar al hogar).

La nostalgia entiende sentimiento que trasciende la geografía para infiltrarse en la dimensión temporal, añorándose no solo un lugar sino un tiempo que ya no existe, una versión del mundo y de uno mismo que solo pervive en la memoria. Describe esa particular dulzura que acompaña al dolor de recordar lo que fue, exponiendo la paradoja de un sufrimiento que simultáneamente reconforta. Lo que Hofer diagnosticara como una enfermedad del cuerpo en los soldados suizos desplazados, la experiencia contemporánea lo reconoce como una condición del alma.

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