Leo (astrología)

Inicio Zodíaco – En el latín como leō, leōnis, señalando al león, procediendo del griego léōn (λέων), cuyo origen se rastrea en las lenguas semíticas, observándose el hebreo lābī’ (לביא) y el acadio labbu, lo cual sugiere que la palabra viajó desde el Cercano Oriente hacia Grecia junto con el conocimiento directo de un animal que, si bien habitó la península balcánica en tiempos remotos, ya resultaba una presencia exótica en la época clásica, consolidándose como símbolo de poder, nobleza y ferocidad a través del contacto cultural con las civilizaciones mesopotámicas y egipcias.

La constelación de Leo se identifica con el León de Nemea, la bestia invulnerable cuya piel no podía ser penetrada por arma alguna, que Heracles enfrenta como primero de sus doce trabajos. El héroe, tras comprobar que sus flechas rebotaban contra el pelaje del animal y que su espada se doblaba al contacto, decide enfrentarlo cuerpo a cuerpo, estrangulándolo con sus propias manos en el interior de la cueva donde la criatura se refugiaba. Heracles arranca la piel del león utilizando las propias garras del animal, las únicas capaces de cortarla, y desde entonces la viste como armadura y distintivo, convirtiéndola en uno de los atributos iconográficos más reconocibles de la mitología griega. Zeus coloca al león entre las estrellas en reconocimiento de la hazaña de su hijo.

La estrella más brillante de la constelación, Régulus (Alpha Leonis), recibe un nombre que procede del latín regŭlus, diminutivo de rex, regis, interpretándose como ‘pequeño rey’, una denominación acuñada por Copérnico que sintetiza la asociación entre el león y la realeza que atraviesa prácticamente todas las culturas antiguas. Los babilonios la llamaban Sharru, igualmente por ‘rey’, mientras que los árabes la conocían como Qalb al-Asad (قلب الأسد), por ‘corazón del león’, designación que describe su posición en el pecho de la figura leonina trazada por la constelación.

El período asignado a Leo comprende del 23 de julio al 22 de agosto, coincidiendo con el apogeo del verano y la máxima expresión del calor solar en el hemisferio norte, una correspondencia que la tradición astrológica proyecta sobre el temperamento del signo, atribuyéndole cualidades de generosidad, vitalidad, orgullo, creatividad y vocación de protagonismo, así como una tendencia a la vanidad y la necesidad de reconocimiento, replicando la majestuosidad del animal que reina sobre la sabana.

En la tradición egipcia, la constelación revestía una importancia particular por su coincidencia con la crecida anual del Nilo, el acontecimiento más determinante del ciclo agrícola egipcio, razón por la cual las fuentes de los templos y canales se decoraban frecuentemente con cabezas de león, configurando el origen de las fuentes ornamentales que la arquitectura occidental heredaría.

Asociaciones: leonino (dado en el latín leonīnus, describiendo lo perteneciente al león, extendiéndose en el ámbito jurídico para calificar contratos abusivos donde una parte se beneficia desproporcionadamente, en alusión a la fábula de Esopo donde el león se queda con toda la presa), leopardo (observable en el latín leopardus, conjugando leō y pardus, por pantera, bajo la creencia antigua de que el animal era un híbrido entre ambas fieras), león (conservando la forma latina con mínima adaptación) y camaleón (procediendo del griego khamailéōn, conjugando khamaí, por en el suelo, y léōn, configurando la idea del ‘león de tierra’, por su capacidad de dominar su entorno mediante el camuflaje).

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