Inicio Zodíaco – En el latín como ariēs, arietis, señalando al carnero, el macho de la oveja, con una posible raíz en el indoeuropeo *h₁er-, al que se le atribuyen los sentidos de moverse o elevarse, comprendiéndose en la proyección del animal que embiste hacia adelante con la fuerza de sus cuernos curvados, aunque la conexión etimológica profunda permanece discutida entre los especialistas, quienes barajan alternativamente un origen mediterráneo preindoeuropeo vinculado a las culturas pastoriles del Cercano Oriente.
La constelación de Aries se identifica con el Kríos Chrysómallos (Κριός Χρυσόμαλλος) de la mitología griega, el carnero del vellocino de oro cuya piel dorada habría de convertirse en el objeto de la expedición de los Argonautas, una de las gestas más célebres del imaginario helénico. Según el mito, el carnero alado fue enviado por Néfele para rescatar a sus hijos Frixo y Hele de la muerte que su madrastra Ino había tramado. Hele cae al mar durante el vuelo, dando nombre al Helesponto, mientras que Frixo llega a la Cólquide, donde sacrifica al carnero y ofrece su vellocino al rey Eetes, quien lo consagra en un bosque custodiado por un dragón que nunca dormía. Zeus inmortaliza al carnero colocándolo entre las estrellas, configurando la constelación que inaugura el ciclo zodiacal.
En la astronomía antigua, Aries ocupaba una posición de privilegio por albergar el punto vernal, es decir, la intersección entre la eclíptica y el ecuador celeste donde el Sol se sitúa durante el equinoccio de primavera en el hemisferio norte, marcando el inicio del año astrológico. Esta coincidencia entre el comienzo de la primavera y la primera constelación del zodíaco no es accidental, sino que responde a la lógica babilónica que organizó el cinturón zodiacal a partir del punto donde la naturaleza reinicia su ciclo. No obstante, debido al fenómeno de la precesión de los equinoccios, descubierto por el astrónomo griego Hiparco de Nicea hacia el 130 a.C., el punto vernal se ha desplazado progresivamente hacia la constelación de Piscis y se aproxima a Acuario, generando la discrepancia entre el zodíaco tropical utilizado en la astrología occidental, que mantiene a Aries como signo inaugural fijado al equinoccio, y el zodíaco sideral, que atiende a la posición real de las constelaciones.
El período asignado a Aries comprende del 21 de marzo al 19 de abril, coincidiendo con la irrupción de la primavera y el despertar de la naturaleza tras el letargo invernal, una correspondencia que la tradición astrológica proyecta sobre el temperamento del signo, atribuyéndole cualidades de iniciativa, impulso, energía combativa y liderazgo instintivo, así como una tendencia a la impaciencia y la confrontación directa.
El griego registra la forma Kríos (Κριός), por carnero, mientras que el árabe denomina a la constelación Al-Ḥamal (الحمل), manteniendo la referencia al animal. La estrella más brillante de la constelación, Alpha Arietis, recibe el nombre de Hamal, procediendo precisamente del árabe, consolidando la herencia de la astronomía islámica medieval que catalogó y denominó buena parte del firmamento visible.
Las fuentes etimológica permiten vincularlo con ariete (conservando directamente el latín ariēs para designar la máquina de guerra romana consistente en una viga rematada con una cabeza de carnero que se empleaba para derribar puertas y murallas, trasladándose al ámbito deportivo como posición de ataque) y arietino (como adjetivo que describe la curvatura característica de los cuernos del carnero, empleado en arquitectura para ciertos elementos ornamentales).
– El Zodíaco
– Aries (ariēs)
– Tauro (taurus)
– Géminis (gemĭni)
– Cáncer (cancer)
– Leo (leō)
– Virgo (virgo)
– Libra (lībra)
– Escorpio (scorpio)
– Sagitario (sagittārius)
– Capricornio (Capricornus)
– Acuario (aquārius)
– Piscis (piscēs).
Benjamin Veschi, 03/2026, en https://etimologia.com/aries-astrologia/